lunes, 10 de marzo de 2014

Perdón...

No me gusta escribirte, porque eso confirma que te has ido; y no quiero, no quiero aceptarlo, me gusta pensar que aún sigues aquí, en alguna parte, vigilandome, protegiendome... Podría decirte que todo va bien, que me va bien, que sigo siendo aquella niña que conocías, con ilusiones y sueños, esa niña con la que tanto jugabas y cantabas, o que tengo un gran futuro por delante, pero entonces te estaría mintiendo, y tú me enseñastes que eso no estaba bien y menos hacérselo a un ser querido. Y yo te quería. Y mucho. Y aún te sigo queriendo.
A veces, sueño contigo, sueño que vienes a recogerme de algún lugar en el que estoy perdida y siento miedo, de verdad, siento miedo de que no me reconozcas, pero me fijo más detenidamente y me doy cuenta de que me estás sonriendo con los brazos estendidos, esperando a que vaya corriendo a abrazarte. Y es ahí cuando me olvido de todo, me olvido de mis miedos de mis pesadillas de mi yo actual y sólo por un instante me siento como la niña que era. Y entonces todo se desvanece, tan sólo era un sueño...
No creas que se me es fácil hacer esto, es la primera vez que lo hago y con cada palabra que escribo, peor me siento, no puedo parar de llorar. De llorar, de derramar lágrimas con sentimiento, lágrimas de dolor; y no sólo por tu pérdida sino por la culpabilidad, sí, culpabilidad, nadie lo sabe excepto yo, y eso es lo que más duele, no desacerme de este peso tan grande y aunque quizás sea una bobada, yo, hoy te pido perdón. Te pido perdón por aquel error innombrable, te pido perdón por no haberte llorado, por no poder luchar como me enseñaste, por no ser lo que esperarias de mi...
Por decepcionarte abuelo.

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