lunes, 22 de diciembre de 2014

El mismo juego de siempre

Esto fue una historia de propositos: él se propuso enamorarla y ella odiarle. Él era el típico chulo-discoteca que iba de bar en bar,de mujer en mujer; y ella, una chica indefinible presa de arrebatos y estupideces. La trataba como a las demás pero esos bravos alagos y actuaciones no servian con ella, así no se la engatusaba; igualmente nada de eso hacía falta, ya estaba enamorada, y hasta las trancas. Por eso ella se propuso odiarle, sacarle hasta el más minimo defecto y grabarselo a fuego.
Esta lucha entre amor y odio parecia divertirles, ella jugaba para pasar el rato e incluso a veces olvidaba que solo era un juego, y el iba a ganar, no sabía el qué ni siquiera le gustaba el premio pero era cuestión de orgullo -a él ninguna se le resistia-.
¿Y el final? El final aún esta por verse, pero es de intuir, no puede acabar bien, nunca acaba bien cuando hay juegos de por medio; ella espantaba pájaros con sus inseguridades y él atraía todas las moscas con su sonrisa. Una muy espantosa combinación...

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