domingo, 8 de febrero de 2015

Algún día cuando dejen de perseguirnos

El final de su falda se agitaba al igual que las olas viven en el mar, su pelo, bailaba con el viento mientras ella miraba vagamente a la nada. Ya estaba oscureciendo, y él aún no habia llegado. "Siempre igual" pensó ella, "me paso la vida esperando para nada". Pero algo se movió detras suya, deslizó suavemente la mirada hacia su derecha y se encontro de lleno con su sonrisa, "joder, era él, acababa de llegar y ya iba pidiendo guerra". Se dieron dos besos y ella no pudo evitar soñar con su perfume "mierda, porque ha tenido que ponerselo, mierda, mierda, mierda..." No sabía porque seguía viéndole, ella le odiaba, le odiaba con todo su ser pero habia algo, algo que hacia que le quisiera cerca, que aunque ella fuera la unica destrozada y acabara desterrandose así misma, ella seguía; la llamaba el fuego, el peligro y el dolor, era tentada por las garras del desamor porque ella lo sabía, joder si lo sabía, sabia que ella no estaba hecha para soportar esas cosas, ni él para quererla. Aún así, seguían perdiéndose por la ciudad, huyendo del horror y yendo contracorriente porque, contra todo pronóstico, ellos eran más distantes de lo que pensaban, eran como dos niños de primaria jugando a ser adultos, con la pega de que él, ya casi lo era... Mil veces maldijo el momento en que se conocieron, ¡joder, si al principio del todo lo separaron por algo sería!
Se dirigían hacia una vieja plaza la cual ambos ignoraban el por qué; él le iba contando su día a día mientras ella disfrutaba de las complejas callejuelas de la ciudad, fantaseando con un futuro mejor.
-¿Me estás escuchando?
Le preguntó con un tono divertido, él ya sabia la respuesta pues, sabía como era, a veces se encerraba tanto en sí misma que se olvidaba de lo demás. Y entonces para su sorpesa ella le contesto con una firme afirmación
-Me ibas contando como casi te peleas con uno, ah, y lo rica que estaba la comida de tu madre hoy.
A ambos le entraron la risa tota, ambos sabían que no solía ser así. En la plaza todo estaba oscuro, rodeada de misteriosas masas de arboles, iluminada por un par de bohemias farolas y al final, a lo lejos, las luces de la ciudad. Se encaminaban hacia el parador del fondo, a lejandose de la plazilla; alli habia una valla, se acercaron y ella se apoyo en un banco de madera mientras alzaba la mirada ante las afueras, mientras, él se encendia un cigarro. Estaba oscuro pero se podia destinguir el parking a poca distancia de ellos, al fondo a la derecha un viejo palacio de origen islámico con grandes jadines, el cual parecía que se encontrara en medio de un baile de luciérnagas ; también se iluminaba alguna que otra callejuela y por su puesto, al rededor de todo, la ajetreada ciudad. Aquel lugar emanaba una paz enorme, apenas habia ruido, lo unico que se llegaba a oir era algún que otro pajarillo y si escuchabas muy atentamente el eco de la multitud a lo lejos.
-Que bonito ¿eh?
Dijo él, como si pudiera admirar algo más que así mismo. Acto seguido dio una calada a su cigarrillo sin quitar la vista de su alrededor.
-Sí, es precioso...
Pasaron un rato escuchando al viento, y observando al tiempo. ¿Cuánto costó construir todo aquello?¿Cuántas vidas? ¿Cuántas guerras? ¿Cuánto durará? ¿Llegará el día en que el sol se apagará? Ella estaba fascinada, encantada con aquél lugar, aunque es cierto que, eso era normal en ella. Derrepente él rompió el silencio, él hoy también se sentía persona.
-¿Crees que idealizamos a las personas? O por lo contrario, ¿idealizamos los momentos que vivimos con ellas y lo que estos nos hacen sentir?
Ella se quedó perpleja, ¿cómo alguien como él, alguien frio, inconsciente y sin corazón llega a hacer una pregunta de ese estilo?
-¿Me estás hablando de amor?
-Sí
La contestó tan contundentemente y hasta algo agresivo que se asustó, quizás, él también hubiera sufrido, pero él por lo menos era libre asique no le daba pena ninguna.
-Pienso que el amor es eso ¿no?-empezó hablando con un toque de inseguridad, carraspeó y entonces ya habló algo mejor- Uno no controla lo que siente, si no la vida seria como cuando vas a un restaurante y eliges en la carta lo que quieres, podriamos elegir la persona perfecta para nosotros y sentir por ella; pero no, no funciona asi. Conoces a alguien, hablas, juegas, haces planes con esa persona y pasan los dias; pasan los días y cada vez te va gustando más los sitios a los que vais juntos, las canciones que te recomienda, los mismos libros que leeis o hasta vuestras discusiones. Y no te das cuenta, o por lo menos, no quieres darte cuenta. Y en resumidas cuentas es eso ¿no? No te enamoras de lo que es esa persona, sino de lo que te hace sentir y de lo que juntos sentís; por lo tanto, diría que tu segunda opción.
Y silencio. Ella ya habia terminado de exponerse y él seguia ahí fumando como si nada, como si no la hubiera escuchado.
-¿Y tú que?
Dio la última calada, tiró la colilla y se giró hacia ella.
-No creo en nada de eso ¿sabes? Idealizamos a las personas, somos débiles en el fondo y por eso necesitamos a alguien, de ahí que idealicemos a las personas, para no sentirnos solos supongo. Pero eso no es problema si sabemos darnos cuenta y revertir esa flaqueza en nuestra arma, es decir, sabiendo esto puedes manejar a las personas porque sabes que son débiles pero tú no puedes serlo, tienes que rellenar tus fuerzas con las debilidades de los demás.
Le calló una lagrima mientras le oía decir todo aquello"suerte que está oscuro y no me ve" pensó ella y volvió la desilusión, "no sé, pense que debajo de tanta chatarra había un corazón y no el manipulador de siempre". Sorbio la nariz y habló algo indignada.
-Es muy cruel eso, ¿no crees?
Se le tensó la mandibula, le incomodaba ya la conversación y en verdad a él le dolia ser así.
-Sí, lo es, pero en mi mundo las cosas se hacen así si quieres sobrevivir, vivo huyendo para salvarme el culo, o eres así, o mueres; no todos hemos tenido una vida de rosas como tú.
Y no le dio tiempo ni de contestarle, derrepente paso una patrulla y ambos se tuvieron que esconder: él, por ser perseguido y ella, por estar con el enemigo.

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