domingo, 8 de marzo de 2015

Huyendo

Te pones los cascos y sales.
Sales corriendo, pero con la cabeza gacha, no eres lo suficiente valiente como para levantarla y marcar tu propio camino.
Asique sigues corriendo pero sólo ves las blancas líneas del asfalto y entonces te decides. Primero levantas un poco la mirada y te asombras, los árboles aún conservan sus hojas y el cielo no es tan gris como te esperabas. Ves brillo entre las nubes y decides levantar aún más la cabeza, cogiendo una buena postura y tirando la venda que te encarcelaba.
Bajas el ritmo, ¿para qué seguir corriendo? Ya bastante deprisa pasa la vida como para acelerarla tú más.  Te vas parando hasta que coges un suave ritmo al andar; también oyes pájaros de fondo y hasta la risa de un bebé.
Al fin y al cabo,
no es todo tan malo como parecía;
aunque te asuste la infinidad de cielo
piensa,
que en él también hay infinitas cosas,
cosas que pueden ser bellas.

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